| La ciudad
de Damasco, que ha sido poblada desde el cuarto milenio a.C., es la ciudad
habitada más antigua del mundo, resistiendo las marcas imborrables de una
sucesión de civilizaciones antiguas: amoritas, arameos, asirios, griegos,
romanos, bizantinos, omeyas, ayyubidos, mamelucos, cruzados, otomanos y
franceses. Damasco marca la división entre el fértil Antilíbano y el duro
deserto sirio, ya que es un rico oasis que en su tiempo servio como núcleo
natural para la ruta de la seda. Hoy en día, Damasco es un punto de
partida y regreso para cualquier turista en Siria.
Por la
noche, desde la cima del Jebel Qassioun una vista espectacular de Damasco
se rinde a vuestros pies. Parece que los minaretes de las mezquitas, con
sus centelleos verdes, nos dirigen al horizonte en dirección a la Meca: y
nos recuerda la importancia que tiene esta ciudad por el Islam.
La
Mezquita Omeya, que recibe este nombre por la primera dinastía gobernante
del Islam, es uno de los grandes monumentos que demuestran el gran ingenio
de comienzos del Islam. La mezquita ocupa el sitio de templos sagrados
desde el segundo milenio a.C. Primero fue un templo para un dios semítico
Hudod, el dios griego Zeus, y el dios romano Júpiter, después fue una
iglesia cristiana dedicada a Juan Baptista y finalmente una mezquita.
Durante un tiempo la mezquita fue incluso lugar de culto para cristianos y
musulmanes al mismo tiempo.
Las
puertas de la ciudad Antigua de Damasco nos descubren miles puntos de
interés: la legendaria Calle Recta, mencionada en la Biblia, que va desde
el este de la ciudad antigua hasta el oeste, el palacio Azem, la lujosa
casa del gobernador Otomano, la capilla de San Ananías y la ventana de San
Pablo, desde donde el evangelista se escapó de los romanos; el zoco
al-Hamidyya, el bullicioso bazar que llena a los visitantes de colores y
de vida, el Mausoleo de Saladino, el gran líder que liberó a Jerusalén de
los cruzados; y Bab Touma, el barrio cristiano, con sus encantadoras
callejuelas y sus tiendas de artesanía. Cerca de
la ciudad antigua, a orillas del río Barada, encontramos el Museo Nacional
de Siria, que invita a los visitantes a gozar de una de las mejores
colecciones de obras de arte y restos arqueológicos de todo el país. Entre
los tesoros hay un fragmento del alfabeto más antiguo del mundo conocido
hasta ahora, encontrado en Ugarit, y también una sinagoga que data del año
1800 que fue transportada pieza por pieza desde Dura Europos, en el río
Éufrates. Muy cerca del museo se encuentra el Tekkieh Sulimaniyeh, una
mezquita diseñada en el estilo turco por Sinan Pasha, el arquitecto del
sultán otomano, Abdul Hamid, y el mercado de artesanías, donde los
visitantes podrán ver cajitas con mosaicos, joyas, alfombras orientales y
mucho más |