| Bajando a lo más profundo del valle del Antilíbano llegamos al aislado monasterio de Deir Mar Musa, donde vive comunidad interreligiosa. El nombre le viene de San Musa el Abisiniano, el hijo de un rey de Etiopía que renunció a su reino por el de dios. Fue el padre italiano jesuita Paolo dell’Oglio quien, en 1984, recuperó el monasterio que había sido abandonado en el siglo XIX. El monasterio, que fue construido en 1058, contiene frescos que datan del siglo XI en su pequeña iglesia. Entre los frescos, encontramos una vívida representación del JuicioFfinal: Cristo entrega las llaves del reino a Pedro, Jesús en la cruz con símbolos de la pasión, los diez apóstoles y evangelios como jueces, Adán y Eva y sus hijos en el cielo, y los grupos de obispos sufriendo los fuegos del infierno y llorando a lágrima viva. Podréis degustar el queso que producen en la zona, y gozar de las espectaculares vistas del áspero desierto a vuestros pies. |