| Este castillo, cuyas paredes naranjas se ierguen de la nada, resulta sorprendente por su situación de desierto árido y fue construido aproximadamente en el 700 a. C. por los omeyas, la primera dinastía islámica. La fortaleza sirvió tanto como parada para las caravanas que iban de Mesopotamia a Siria, y también como avanzada para controlar la región, amenazada por guerras tribales. El castillo es fascinante por su mezcla extraña de estilos arquitectónicos bizantino, persa, y estilos locales, y por su minarete, el tercer más antiguo del mundo islámico, que curiosamente, no tiene mezquita. Vale la pena una visita desde Palmira. |